Anora, 2024
Sean Baker
Estados Unidos
¿Por qué la elección?
La idea de la redención, si se mira desde el moralismo, o de la liberación, si la mirada es más desapercibida, es un tema recurrente en el cine, en los dramas televisivos y en la fuente de la cual emanan: los cuentos de hadas. De la pobreza, de la marginación, de la explotación, o de los malos hábitos, nos saca el amor, sobre todo si es el amor de un príncipe millonario.
Es en esta exacta tradición centenaria que se inscribe Anora, de Sean Baker. A Ani, trabajadora sexual de un club neoyorquino, le adjudican un cliente –¿un niño? – ruso, desobediente y millonario. A partir de ahí se despliega una especie de travesura desenfrenada en medio de la cual se instala fácilmente la idea de que con esa relación vendría para Ani la promesa de su redención/liberación. Pero claro, los recreos son solo diversión para quienes entran y salen de ellos a su antojo. Para Ani, al contrario, esta travesura envolvía mucho más, tenía la forma exacta de la salvación. Sin embargo, muy rápidamente el juego terminó, se produjo el castigo y con él una contundente humillación.
En la emblemática locación de Coney Island y con una actuación y una fotografía notables, Sean Baker reescribe con Anora los cuentos de hadas y lo hace en un momento en el que requerimos de una mirada entrenada para ver la irresponsabilidad y la ignominia que vienen de la mano de la masculinidad compulsiva y de la riqueza ilimitada. También para apreciar el lugar de la dignidad. Pero sobre todo, lo que hace Baker es mostrar –y acá el real calibre de la película– el lugar preciso, pequeño, al alcance de todos y plenamente humano de la esperanza.
Ficha técnica
