Gelegenheitsarbeit einer Sklavin, 1973
Alexander Kluge
República Federal Alemana
¿Por qué la elección?
Part-Time Work of a Domestic Slave es una de esas películas que no se borran de la memoria. Mucho tiene que ver el que en sus primeros minutos muestre un aborto realizado frente a la cámara, una decisión subversiva en una década en la que Hollywood no se atrevía siquiera a mencionar la palabra aborto. Sin embargo, el poder indeleble de sus imágenes va mucho más allá. Tiene que ver con el productivo encuentro que logra entre estética, política y utopía.
Kluge cuenta la historia de Rosewitha, una mujer suburbana, casada con un químico frustrado. Su marido es huraño, no hace mucho, solo grita, le prohíbe cosas y le da lecciones morales. Es madre de tres hijos y sabe que tendrá otros, pero no hay dinero. Por las noches trabaja en una clínica clandestina de abortos. Pronto su trabajo se verá amenazado por boicots que provienen de distintos lados. En ese momento, Roswitha toma la decisión de dejar de centrar su vida en su familia y dedicarse a la lucha política directa. Ese será su trabajo de tiempo completo, aunque no reciba ningún pago por hacerlo.
“Rosewitha siente una enorme fuerza dentro de sí, viendo películas ha aprendido que esa fuerza existe realmente”, dice el narrador. Probablemente esta sentencia también se dirige a nosotras. Para Kluge el cine, más que un instrumento de poder, es un catalizador. Identifica la fuerza de cambio para facilitar la acción. Su intención es estética porque prepara la percepción, es política porque articula el poder con la conciencia sobre él y es utópica porque se dirige a la imaginación de un mundo sin explotación; de un mundo más justo.
Ficha técnica
