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  • Cadáver exquisito, 2017

    Agustina Bazterrica

    Argentina

    ¿Por qué la elección?

    Como en Tadeys, la depravada distopía de su compatriota Osvaldo Lamborghini, la argentina Agustina Bazterrica (1974) imagina en Cadáver exquisito un futuro no muy lejano en el que, en un país otrora dependiente de la industria ganadera, la economía se vuelca hacia la cría y la explotación de una raza antropomorfa —casi humana, pero desprovista de lenguaje y despojada de cualquier tipo de dignidad—. En el primer caso se trata de una especie endémica de seres lampiños y lúbricos llamados “tadeys”; pero en la novela de Bazterrica, en cambio, las “cabezas” de ganado son descendientes de migrantes, marginales y pobres que comenzaron a ser cazados y comidos —y luego criados y modificados genéticamente— después de que un virus impidiera el consumo de animales no humanos como la res y el cerdo. En consecuencia, lo que allí se ha institucionalizado es el canibalismo.

    Hay otra gran diferencia entre “cabezas” y “tadeys”: estos últimos estaban dispuestos también para el sexo —la sodomía, al menos, había sido normalizada, quizá porque así no existía riesgo de reproducción—. En cuanto a las “cabezas”, está permitido todo aprovechamiento comercial, ya sea en la industria alimenticia o en campos como la peletería y la investigación farmacológica, pero su explotación sexual constituye un tabú inquebrantable, así como cualquier otra acción que haga recordar la naturaleza humana de dichos seres, como, por ejemplo, enseñarles a hablar o a trabajar. La trasgresión de estas prohibiciones se paga con el sacrificio en el matadero municipal, tanto de la “cabeza” como del dueño.

    Son estos tabúes los que termina por trasgredir Marcos, protagonista del relato, quien antes de la llamada “Transición” (la novela es rica en eufemismos), y tras separarse de su esposa y perder a su único hijo —fruto de una dolorosa lucha contra la infertilidad femenina—, permaneció como encargado de un importante frigorífico. El ingenioso final de esta historia acabó por sellar el éxito editorial de la novela de Bazterrica.

    Ficha técnica

    “La hembra no atinó a sacarse la soga del cuello. Claro, piensa, no sabe que puede sacársela. Cuando él se acerca empieza a temblar. Mira al piso. Se orina. La lleva al galpón y la ata en la puerta de un camión roto y oxidado.”

    […]

    “Después vinieron más inyecciones, pastillas, óvulos de mala calidad, baños y pantallas con mujeres desnudas y la presión de rellenar el vaso de plástico, bautismos a los que no asistieron, la pregunta «¿y, para cuándo el primer hijo?» que se repetía hasta el cansancio, quirófanos donde no lo dejaron entrar para agarrarle la mano a ella y que no se sintiera tan sola, más deudas, los bebés de los otros, de los que sí podían, retención de líquidos, cambios de humor, discusiones sobre la posibilidad de adoptar, llamadas del banco, cumpleaños infantiles de los que querían escapar, más hormonas, el cansancio crónico y más óvulos que no se fertilizaban, llantos, palabras hirientes, días de la madre en silencio, la esperanza de un embrión, la lista de nombres posibles: Leonardo si era varón, Aria si era mujer, pruebas de embarazo tiradas al tacho con impotencia, peleas, la búsqueda de una donante de óvulos, las dudas sobre la identidad genética, cartas del banco, la espera, miedos, la aceptación de que la maternidad no tiene que ver con los cromosomas, la hipoteca, el embarazo, el nacimiento, la euforia, la felicidad, la muerte.”

    […]

    “Hay una vibración, un calor pequeño y frágil que lo hace particularmente delicioso. Arrancar una vida a bocados. Es el placer de saber que, gracias a tu intención, a tu accionar ese ser dejó de existir. Es sentir cómo ese organismo complejo y precioso expira poco a poco, pero que, al mismo tiempo, comienza a formar parte de uno. Para siempre. Ese milagro me fascina. Esa posibilidad de unión indisoluble.”

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