Cries and whispers, 1972
Ingmar Bergman
Suecia
¿Por qué la elección?
En Gritos y susurros el cáncer es un hiato, una especie de intersticio a través del cual se examinan cuatro vidas individuales y se examina, también, la vida con mayúsculas. En medio del intenso dolor físico y emocional que desata, la enfermedad abre una ranura por la que se cuelan la represión, la amargura y la frustración, aunque también, por breves instantes, la plenitud que promete una vida más sensible, más conectada, más afectiva.
Estamos a finales del siglo XIX, en un imponente feudo sueco, donde Agnes está por morir de cáncer. Sus hermanas, Karin y María, la acompañan, uniéndose a Anna, su criada. Bergman narra la agonía física de los últimos días Agnes y la enmarca en la agonía espiritual de la vida entera de sus hermanas y en el cuidado afectuoso y generoso de su criada. En una especie de diálogo de sordos, los gritos de dolor físico de Agnes chocan contra los susurros de dolor psíquico de sus hermanas y solo encuentran consuelo en los abrazos sensuales y compasivos de la criada –con los que Bergman compone dos icónicas imágenes del dolor femenino–.
En Gritos y susurros cuatro mujeres vestidas de impecable blanco habitan un espacio rojo vivo, en un contraste cromático que sirve de soporte para la representación del intenso sufrimiento físico y emocional de sus protagonistas. Un sufrimiento, que con anterioridad a la enfermedad y la muerte, se origina en el extremo antagonismo entre el deseo individual y el deber social que marca el universo femenino de finales del siglo XIX en Occidente.
Ficha técnica
